4 de agosto de 2017

Reto 5 Líneas

Volvemos, un mes más, con el Reto 5 Líneas de Adella Brac.




En éste mes de Agosto, las palabras a utilizar son  "fuerte" "uñas" y "máscaras".

Ahí va mi simulacro de microrelato:

"El destino quiso que estuvieran allí en aquel preciso momento, en un avión a la deriva. Tan sólo unos segundos antes, afilaban sus uñas arrojándose reproches hirientes, en una discusión interminable. Ahora, dos máscaras de oxígeno, colgaban frente a ellos, como consecuencia de la  fuerte explosión del motor. Se miraron, primero asustados, después con ternura, en aquellos, los que fueron los últimos segundos de sus vidas…"

 







21 de marzo de 2017

Reto 5 Líneas.




Como todos los meses, Marzo nos trae un nuevo Reto 5 Líneas de la mano de Adella Brac. Si me descuido un poco más se me acaba el mes…

En este caso, las tres palabras a utilizar son:  “estudio”  “edición” y “planeada” , y éste es mi simulacro de microrelato:

 “Su mundo estalló en mil pedazos cuando terminó de ver el telediario primera edición. La estafa planeada durante meses, había sido filtrada a la prensa por alguien de su confianza. Hacer un estudio, para intentar averiguar quién de sus tres cómplices le había traicionado, le pareció inútil. Sabía que su vida ya no valía nada. Recordó el segundo cajón de su escritorio y lo que allí guardaba: un revólver con una sóla bala…”







 

9 de marzo de 2017

La Lobotomía.

Lobotomía: La lobotomía cerebral es un tipo de psicocirugía, consistente en la sección quirúrgica de uno o más fascículos nerviosos de un lóbulo cerebralbla bla bla… y bla bla bla…  No voy a extenderme más en lo que es una Lobotomía, para eso ya está la Whikipedia.




El caso es que, en los tiempos que corren en la actualidad actual, algunos deberían pensarse seriamente que les practiquen una lobotomía bastante profunda. Y en previsión de que esos mismos personajes no se hayan percatado, yo me encargaré de hacérselo saber. Inicio hoy la sección “La Lobotomía”, una sección en la que, con una frecuencia relativa, presentaré a un personaje que, como consecuencia de sus actuaciones, o mejor dicho, de sus desafortunadas actuaciones, son merecedores de tal intervención…

En esta primera entrega, el personaje merecedor de una Lobotomía es Mercedes Milá.




Me cae bien, la verdad, siempre la he considerado una buena profesional, pero su desafortunada intervención en el programa de Risto Mejide, en el que “debatía” con el bioquímico J. Miguel Mulet sobre la enzima prodigiosa, tuvo más de comedia que de debate. Tras una trabajada exposición del tema por parte del bioquímico, que digo yo que algo debe saber del tema, Mercedes le respondió con un único e importante argumento: “tienes que adelgazar, estás gordo”…

Yo no entiendo mucho de enzimas, no más allá de que estar encima, en según qué situación, resulta más aliviado que estar debajo, y por lo que se ve, dado su argumento, parece ser que  Merdedes Milá tampoco anda muy sobrada en conocimientos de enzimas. No sé en qué momento, Mercedes mutó de buena periodista al personaje que se ha visto obligada a adoptar. Supongo que fue durante una pausa publicitaria del programa de investigación “Diario de…” y despertó debajo de un edredón de la casa de Gran Hermano, allá en Guadalix de la Sierra, cuyos aires parece que no la sentaron nada bien, y creyendo que la vida real es como la que viven en aquella casa. Nunca entendí muy bien, porqué una buena profesional como ella se prestó a tal desaguisado.

Por todo lo expuesto anteriormente, recomiendo a Mercedes Milá que se practique una Lobotomía y vuelva a ser la excelente periodista que siempre fue.




6 de marzo de 2017

Erase una vez...

Erase una vez, no dos ni tres, si no una sola vez, una lugareña llamada Belinda, que habitaba sola en el bosque.

Un bosque cualquiera, de esos que tienen árboles, animalitos y quizás también un río. Y digo quizás, porque también es posible que no hubiera ningún rio, y como el cuento no  hace ninguna referencia a supuestos ríos por ningún lado, dejaremos su posible existencia en una mera suposición.

Dicho bosque se encontraba al norte del país. De algún país. No, tampoco sé de qué país se trata, pero no se preocupe porque no tiene la más mínima trascendencia en el devenir del cuento. El desenlace podría haber sucedido en cualquier país del mundo y parte del extranjero y habría sido el mismo.

Dicha lugareña, cuyo nombre respondía al deseo de sus progenitores, y al de su abuelita también, cuando imploraban “be linda” (sé linda, para los agnósticos, en aquel país se hablaba el Spanglish) no la quedó más remedio que ser linda… y se quedó con Belinda como nombre. Porque afortunadamente para ella, fue linda.

O desafortunadamente, quién sabe, porque el hecho de ser tan tan… guapa (empecemos a llamar a las cosas por su nombre), fue la causa de que, desde temprana edad, viviera sola en el bosque. Sus padres, muy “protectores” ellos, y también poco inteligentes, todo hay que decirlo, decidieron que de esa manera, podrían evitar que los moscones en forma de ciudadanos de a pie, la acosaran con sabe Dios que deshonestas intenciones.

Y a tal efecto, construyeron una casita en el bosque, dotándola de todo lo necesario para que la moza se sintiera cómoda, trasladándola a su nueva morada a la tierna edad de catorce años. De cuando en cuando, sus padres se acercaban a visitarla y reponer su despensa, comprobando con el paso de los años, cómo Belinda crecía hermosa y lozana, cumpliendo la mayoría de edad ajena al mundo exterior.

Anhelaban sus padres, sacar partido a su belleza, e intentar casarla con el príncipe de aquel país, con el noble motivo de salir de la pobreza. Instruyeron a Belinda haciéndola crecer con la idea de que tenía que casarse con el príncipe. No, no era un príncipe azul, eso sólo pasa en los cuentos. Bueno, mejor dicho en otros cuentos, en éste no, el príncipe de éste cuento era de color blanco caucásico, tan blanco que podría pasar por un plebeyo más, y de quien lo único que conocían los plebeyos era su gran riqueza. Su belleza era una incógnita para ellos, más una x que una y, pero les bastaba con su patrimonio para cumplir sus intenciones.

Por su parte, el príncipe, anhelaba casarse con una bella princesa, pero como quiera que en aquella época, y en éste cuento, la belleza era bastante escasa entre las princesas de los reinos colindantes, simplemente anhelaba casarse con una bella doncella. Resultaba un tanto superficial, bastante superficial diría yo, y desentendiéndose de intentar descubrir la belleza interior de dichas princesas, las desestimaba una y otra vez, muy a disgusto de sus padres, que empezaban a cansarse ya de organizar y pagar banquetes reales en busca de unir coronas.

Como todo príncipe que se preciara de la época, tenía un caballo blanco también blanco caucásico, para no desentonar con su jinete, con quien solía dar largos paseos, seguido a veces, las más, de un séquito de corceles negros montados por sendos criados que le proporcionaban escolta. Eran órdenes del Rey, y aunque no era estrictamente necesario, dada la bonanza de todos los lugareños (en este cuento no hay maleantes), dicha escolta proporcionaba una seguridad emocional más que conveniente. Trataba de evitar con ello el  Monarca, que alguna lugareña caza fortunas atrajera la atención del joven príncipe.

Sin embargo, el príncipe, muy travieso él, de cuando en cuando, conseguía escabullirse del palacio, sabe Dios con qué intenciones, y dando esquinazo a la escolta, se alejaba cabalgando campo a través para, una vez lo suficientemente alejado, caminar tranquilamente por los prados, pensando en lo que quiera que piensan los príncipes jóvenes y solteros sin compromiso. Todo esto, era del perfecto conocimiento de los padres de Belinda, que vieron en esas ocasiones de soledad del príncipe, una oportunidad única para llevar a cabo sus intenciones…  


Continuará…





1 de marzo de 2017

Hacerse oír...

Hacerse oír es necesario. Conseguir que los demás te escuchen, si quieres que los demás sepan lo que piensas y, además, porqué lo piensas, suele ser un acto aconsejable, a la par que recomendable.

Recomendable y aconsejable, sobre todo, si lo que tienes que decir es interesante y relevante para la salvaguarda del bien común. Si no es así, uno corre el riesgo de quedar como el culo, que también se hace oír de cuando en cuando, para soltar… flatulencias sin sentido por su estrecha boca. Y últimamente hay demasiada gente que lo hace. Quiero decir que hay demasiada gente que suelta flatulencias sin sentido por su estrecha boca… y queda como el culo.

No sé qué pensará usted, pero hacerse oír, para decir algo que todo el mundo de este planeta, y parte del universo, ya sabe de nacimiento, como que “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”, no sólo me parece irrelevante e innecesario, sino que también me parece una flatulencia totalmente absurda. Vamos, lo que se viene llamando “un pedo mental”. Tan cierto y absurdo, como hacerse oír para decir “el agua moja” o “Jordi Hurtado no envejece”.

El tema no pasaría de una mera anécdota, con la que reírse de sus protagonistas, si no fuera porque quien se hace oír con semejante tontería, lo hace guiado por una motivación tan indignante: el rechazo a quien hace uso de su libertad para elegir su sexo. La continuación de su mensaje “si naces hombre, eres hombre, si eres mujer seguirás siéndolo”, está cargado de intolerancia y fobia hacia los transexuales.

Me gustaría saber cuál es el motivo que le lleva a “pensar” así y hacerse oír lanzando ese mensaje. Quizás todo sea producto de una posible frustración, sufrida cuando su pareja decidió cambiar de sexo, dejándolo con un palmo de narices y usted lo haya traducido en fobia hacia los transexuales. Es posible, igualmente reprochable, pero posible. Porque si ese fuera el motivo, debería usted cambiarse también de sexo y retomar la relación, o si lo prefiere, volverse homosexual. Piénselo bien. Ni siquiera tendría que hacerse oír para declarar su amor por su pareja, porque ya quedaría sobradamente demostrado con su acción…  

Si no es así, si lanza ese mensaje sin ninguna razón personal que lo haya dejado afectado, a usted, que se hace oír para soltar semejante flatulencia por su estrecha boca, yo le digo: ¿y a usted qué coño le importa lo que cada cual haga con su pene o su vulva o, en definitiva, con su vida? ¿Acaso es usted menos feliz porque alguien, a quien ni siquiera conoce, necesita cambiar su sexo para sentirse realizado? ¿No tiene usted un motivo más noble o una causa más justa para hacerse oír? Supongo que no. Supongo que la gente como usted, tiene demasiado tiempo libre y la suficiente intolerancia para buscar causas tan absurdas como ésta.


Eso sí, le pido por favor, que la próxima vez que quiera hacerse oír, lo haga en su casa y, a ser posible, hágalo bajito para que nadie le oiga, así no correrá el riesgo de quedar como el culo… ni provocará que nadie tenga que taparse los oídos…












19 de febrero de 2017

Premios 20Blogs

Como todos los años, vuelven los premios 20 Blogs, de 20 minutos, en su XI edición (11 para los que no saben romano), para premiar a los mejores Blogs de la Blogosfera, en sus diferentes categorías. 




En mi extraño afán por hacer el ridículo, un sentido que hace tiempo  perdí y que espero no recuperar en mucho tiempo, vuelvo a participar inscribiendo a éste humilde Blog en la categoría de Humor. Seguramente, tal anuncio le habrá hecho gracia. Lo entiendo perfectamente, el tema en sí tiene bastante más gracia que éste Blog. Aun así, si éste Blog le hace gracia, y cree que es merecedor de su voto, puede votarlo sin ningún tipo de compromiso. No se preocupe, su nombre no aparecerá en ninguna lista de personas buscadas por la CIA, ni en la de ninguna otra agencia interestatal, ni tendrá que dar ningún tipo de explicaciones por ello, ya que los votos no quedan registrados de ninguna manera. Para motivarle convenientemente, votar es totalmente gratis, y eso, siempre es un aliciente de lo más atrayente… Además, para que no se queje, puede hacerlo de varias formas:

-Si ya es usted usuario registrado de 20minutos.es, puede hacerlo directamente pinchando en éste enlace.

-Si no está ya registrado como usuario de 20minutos.es, puede hacerlo registrándose con su cuenta de Facebook y votar pinchando en éste enlace. Sí, es el mismo enlace que se muestra en la opción anterior, como ve todos los caminos llevan a Roma.

Si tiene cualquier duda, no se quede con ella, tírela a la basura y pregunte, que para eso estoy yo. No estoy sólo para hacer el ridículo, si no también para aclarar cualquier tipo de duda que le pueda surgir.

Le doy mi palabra de que, ejercer su derecho al voto, será totalmente indoloro, incoloro e insípido y que no tiene ningún tipo de efecto secundario ni contra indicaciones que pongan en peligro su salud. Si quiere quedarse más tranquilo, puede leer el prospecto pinchando aquí.

No, perdón, me he equivocado de enlace, mejor pinche aquí…


Cualquier voto recibido por éste Blog, tendrá un agradecimiento eterno por parte de quien esto subscribe, pero no me pida más, porque como ya he comentado en alguna ocasión, tengo la mala costumbre de ser pobre, así que cualquier retribución monetaria queda descartada de antemano. Cualquier otro tipo de retribución, ya sea en especie o en carne… créame, no le interesa en absoluto. Gracias por anticipado.




16 de febrero de 2017

Reto 5 Líneas.

Me sumo al reto 5 Líneas ideado por Adella Brac en su Blog.

El reto consiste en escribir un micro-relato de cinco líneas cada mes, debiendo utilizar en él tres palabras  propuestas por Adella, y cuya temática será a libre elección del escritor. Reto en el que cualquiera que quiera puede participar y dejar su sello.

Aunque no dejé constancia aquí de ello, ya participé en Enero, y como quiera que siempre me gustaron estas iniciativas, creo que me convertiré en asiduo. Que Dios nos pille confesados…
Las palabras a utilizar en Febrero son: Consulta, Como y Nada.

Y ahí va mi simulacro de micro-relato:

"Como dos gotas de agua. Caminaban y sonreían. El destino, siempre caprichoso, quiso 
que se gestaran al mismo tiempo y en el mismo lugar. Dos gemelos que no se diferenciaban en nada. Ni siquiera Don Ramón, su médico de toda la vida, era capaz de distinguirlos. Por eso, cuando abandonaron la consulta, caminaban sonriendo divertidos por haber consumado, la infantil travesura de confundir a Don Ramón una vez más."




14 de febrero de 2017

Whiskypedia

Capítulo 7. Día de San Valentín.



El día de San Valentín es el día del “Love is in the air” por antonomasia, y a estas alturas de la vida, todo el mundo sabe lo que es: el día en que los comercios dedicados a la venta de flores hacen su Agosto en Febrero. El día en que su nivel de ventas sólo es comparable al alcanzado el día de todos los Santos. Por eso, no voy a descubrir nada que no se sepa ya del Día de San Valentín tal y como lo conocemos en la actualidad. Pero… ¿cuál es su verdadero origen y significado?

Es curioso, pero tiene bemoles que, como casi todas las festividades, fuera instaurada por un Papa allá por el año 496 D.C. (Después de Cristo para los agnósticos), más concretamente por el Papa Gelasius I (a quien llamaron Gelasius I sin ni siquiera saber si iba a haber más Gelasius posteriormente, y sin que ni siquiera llegara nunca a ser padre). Se desconocen los motivos que llevaron a este hombre a tener tal iniciativa, aunque todo apunta a que, además de ser un devoto de Dios, también era un devoto de un tal Valentín. Las malas lenguas dicen que su devoción llegó a convertirse en amor, pero eso está aún por demostrar.

Quiso la providencia que, algunos siglos más tarde, un poeta francés, sabe Dios porqué, en uno de sus poemas, hablara de ese Día de San Valentín como un día de festejo para todos los enamorados. Ya sabemos todos que Francia es un lugar donde  “L’amour” aplica su “in the air” en todo su esplendor. Tanto es así que, años más tarde, su rey Carlos VI (Carlos sexto para los que no saben romano), instauró que dicho día los cortesanos alfa compitieran en varias modalidades para conseguir pareja entre las doncellas cortesanas. Claro que por aquel entonces, ni siquiera era necesario que estuvieran enamorados, ni los unos ni las otras, así que el tema tuvo que evolucionar un par de tuercas más, para que el día de los enamorados… lo celebraran los enamorados.

Y fue en Inglaterra donde, a principios del siglo XIX (diecinueve para los que son de letras), empezó a comercializarse la festividad con la fabricación de tarjetas, que contenían ese tipo de frases que quedan tan bien cuando se dicen al oído de tu enamorada/o, para que cada cual se las regalara a su pareja, y que empezaron a dejar en las arcas de los grandes almacenes importantes sumas de dinero. Sabe Dios a quién se le ocurrió tal iniciativa, pero todo hace indicar que debió de ser algún antepasado del fundador de Harrowds…

Años más tarde, a la anglo-americana Esther Ángel Howland, se le ocurrió añadir a las tarjetas la imagen del ángel Cupido como símbolo de la festividad. Desconozco que se le pasaría por la cabeza a esta mujer para llegar a pensar que la imagen de dicho ángel, soltero y sin compromiso que se sepa, podía llegar a ser la imagen del amor. El caso es que la idea funcionó y hoy en día, en el día de San Valentín, un amplio porcentaje de la mitad de la humanidad, intenta demostrarle a otro amplio porcentaje de la otra mitad, que su amor por ella es incombustible e insuperable… El resto de días, por lo que se ve, no hace falta demostrarlo…


Podría contaros más cosas sobre el Día de San Valentín, pero para eso… ya está la Wikipedia. 






1 de febrero de 2017

Partes visibles...

Hay veces en que llamamos la atención de los demás, sin que ni siquiera nos lo propongamos y por mucho que uno se empeñe en pasar desapercibido. Y es que, algunas partes visibles de nuestro cuerpo, en ocasiones, actúan por su cuenta y atraen la atención de quienes nos rodean, sean conocidos o no.

Vale que también, si los que nos rodean, le echan un poco de imaginación al asunto, otras partes no visibles también pueden atraer su atención. Y es que la imaginación tiene un poder ilimitado y nos hace llegar a ver lo que no se puede ver y verlo de una forma totalmente irreal, porque se puede dar el caso, de que algunas de esas partes no visibles que imaginamos maravillosas, si estuvieran visibles… podrían incluso hasta pasar por casi invisibles. Pero estábamos hablando de las partes visibles, que se me va el santo al muslo y acabo desvariando…

Seguramente, usted tenga una parte visible de su cuerpo que llame poderosamente la atención de quienes le rodean, aunque es posible que ni siquiera sea consciente de ello. Todos la tenemos. Quiero decir que todos tenemos gente que nos rodea y que atraemos su atención… gracias a nuestra parte visible atrayente.

Seré un poco más directo: en mi caso son las orejas. No es porque sean excesivamente grandes, que lo son. Tampoco es porque estén en posición de puertas abiertas, que lo están. Si atrajeran poderosamente la atención de quien me rodea por alguna de esas dos razones, ocurriría siempre. Y no es el caso. Bueno, igual si es el caso, pero no soy consciente de que atraiga poderosamente la atención de quien me rodea siempre. Es posible, nadie me lo ha hecho notar nunca, así que vaya usted a saber, lo mismo se lo callan y disimulan mirando para otro lado… 

Tampoco son atrayentes porque las pueda mover voluntariamente, que puedo hacerlo, porque en ese caso sólo serían atrayentes para quien yo las quisiera mover voluntariamente.  Me preguntará entonces por qué sé que, en algunas ocasiones, mis orejas atraen poderosamente la atención de quien me rodea. Y si no me lo pregunta da igual, yo se lo cuento igualmente: su color.


Normalmente, su color no atrae la atención de nadie, porque es el mismo color que el resto de la cara, es decir, color cara de hombre de raza caucásica. Pero en algunas ocasiones, de manera totalmente involuntaria para mí y voluntaria para ellas, cambian de color. Suelen hacerlo sobre todo, cuando estoy en lugares cerrados con ambiente caldeado, curiosamente casi siempre con vino de por medio, y pasan a tener un color que se podría denominar rojo fuego. Tanto es así, que ha provocado, no sólo atraer poderosamente la atención de quien me rodea, si no que algunos de ellos, incluso se han planteado la posibilidad de salir corriendo en busca de un extintor… o dos. 

Afortunadamente, nunca ha hecho falta utilizarlos, pero si se fija en la imagen, hábilmente captada por alguien que me rodeaba en una ocasión, verá que no es una idea descabellada buscar un extintor… 







30 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana

La iniciativa de @PapásBlogueros nos trae esta semana una cuestión peliaguda: La pareja tras ser padres.

Es innegable que la llegada de descendencia, altera totalmente la forma de vida de una pareja. Aunque sea una situación elegida, nuestro mundo tal y como lo conocíamos desaparece para dar paso a una nueva vida. En todos los aspectos imaginables. 

Y el aspecto sexual, que es lo primero en lo que se suele pensar, no iba a ser menos. También cambia sustancialmente, no nos vamos a engañar. Evidentemente ya no estamos solos en casa, ya no podemos campar a nuestras anchas, hay otras prioridades en las que emplear parte de nuestro tiempo y, sobre todo, en qué emplear nuestras desgastadas energías, lo cual hace que disminuya la frecuencia... Pero creo que todos estaremos de acuerdo en que, el sexo, es una de esas actividades para las que siempre se encuentra tiempo, si realmente se desea, y en contra de lo que se suele pensar, creo que se ve afectado en menor medida de lo que la llegada de descendencia afecta a otros aspectos.


Como por ejemplo: la convivencia. Esta puede llegar a hacerse complicada debido, sobre todo, a la disminución de tiempo libre. Aparte de que, de golpe, las decisiones a consensuar aumentan de forma exponencial, sobre todo en los primeros años, hay un aumento de actividades, que nos acortan los tiempos para hacer lo que antes hacíamos de una forma relajada. Eso hace aumentar el estrés y los nervios están a flor de piel más allá de lo aconsejable. Saber mantener la calma, durante esos momentos de tensión, resulta fundamental… para que siga habiendo pareja.











26 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana

Esta semana, los amigos de @PapásBlogueros nos plantean la siguiente cuestión: “El embarazo desde la perspectiva de la pareja”. O lo que es lo mismo, como lo vivió un servidor, sin barriga ni nada que llevar a cuestas y a la sombra de la embarazada…

Nuestro primer y único embarazo, lo viví con ilusión y temor por partida doble, ya que fue embarazo doble. Al final, resultó ser bastante tranquilo contra todo pronóstico, porque como todos los embarazos gemelares, fue considerado embarazo de riesgo desde el primer momento y fuimos atendidos tal y como la situación requería. Con emoción, vimos cómo crecía semana a semana la barriga con algún que otro sobresalto, producto más que nada de la inexperiencia, ya que todo lo que nos alarmaba fue considerado, a posteriori, por parte de los médicos, como algo normal en un embarazo de tales características, ya que todas las revisiones periódicas dieron un resultado totalmente normal.

En esas circunstancias todo es nuevo, y uno, desde su papel secundario, a veces sentía bastante impotencia, ya que por mucho que “estés ahí”, no puedes hacer nada más que no sea ayudarla a levantarse, como consecuencia de la dificultad para moverse a medida que aumentaba el peso de la barriga, y agarrarla de la mano cada vez que le daba la ciática… En fin, como podéis observar, nada fuera de lo común, quizás un poco más acentuado que en un embarazo normal, pero sin demasiadas complicaciones.

La ilusión y emoción, con la que observábamos a aquellos dos bultos deformar con sus movimientos la barriga por varios sitios, dieron paso también a algunos momentos de angustia, cuando veíamos que sólo uno de los dos bebés se movía. A veces, durante un buen rato, sólo uno daba señales de vida. Angustia que no desaparecía hasta que se movía el otro a fuerza de llamarle y pasar la mano por el otro lado de la barriga… Con el tiempo, nos dimos cuenta de que todo era producto de lo saltimbanqui que era el crío, que con las volteretas que daba tenía a la cría arrinconada y sin atrever a moverse….

De todo eso, va a hacer ya doce años, y no guardo muchas fotos del acontecimiento, pero sí está entre ellas la última que nos hicimos dos días antes de que los bebés vieran la luz por primera vez…




Como muchos otros embarazos de este tipo, sólo duró ocho meses, finalizando con una cesárea programada, pero eso... ya fue otra historia.



23 de enero de 2017

Esa puerta...

En este preciso momento, en cualquier lugar del mundo, un hombre estará intentando abrir una puerta. Y seguramente también una mujer esté haciendo lo mismo en otro lugar… Y digo que lo están intentando, porque no siempre se consigue…

Lo consigan o no, lo que está claro es que ambos lo intentan porque tienen alguna razón que les impulsa a hacerlo. Las razones pueden ser muy variadas y es posible, sólo posible, que algunas de esas razones sean muy distintas. Sin embargo, estoy seguro de que ambos coinciden en la razón principal que les motiva a abrir la puerta. Lo sé perfectamente. Y usted también lo sabe, aunque ni siquiera se haya parado a pensarlo. Sí, eso es, la principal razón de que ambos estén intentando abrir la puerta, es que dicha puerta está cerrada…

Coincidirá conmigo en que resulta bastante difícil intentar abrir una puerta si no está cerrada. O mejor dicho, lo que resulta difícil, si la puerta no está cerrada, es conseguir abrirla, intentarlo es bastante fácil, absurdo, pero fácil, se lo aseguro. De hecho, yo mismo, que no soy nada especial, siempre que he visto una puerta abierta, he conseguido intentar abrirla. Claro que, finalmente, sólo he conseguido abrirla un poco más de lo que ya estaba…

Ahora bien, llegados a este punto, y antes de seguir quemando inútilmente neuronas sobre el tema, deberíamos aclarar una cuestión verdaderamente importante: ¿Realmente cuando abrimos o cerramos una puerta, estamos abriendo o cerrando una puerta?...

Sí, ya lo sé, es lo que se dice, y siempre nos referimos en los términos “abrimos la puerta”, cada vez que vamos a entrar en una habitación o un edificio cualquiera. Sobre todo cuando “creemos” que la puerta está cerrada. Sin embargo… ¿es la puerta quien está cerrada… o es la habitación, o edificio cualquiera, quien está cerrado?...

Ese es el quid de la cuestión, en realidad es la habitación la que está cerrada, y la puerta, simplemente, se encuentra en una posición en la que está tapando el único hueco que hay para entrar en dicha habitación. Vale, sí, también dicha habitación o edificio cualquiera, puede tener otro hueco en forma de ventana, y usted también tendrá la alternativa de intentar entrar en la habitación por la ventana, pero para eso tendría que abrir la habitación por el hueco de la ventana. Aunque no sé porque quiere usted intentar entrar por el hueco de la ventana pudiendo entrar tranquilamente por el hueco que tapa la puerta como hace todo el mundo. Bueno, vale, si no consigue abrir la habitación por el hueco de la puerta, es lógico que intente abrirla por el hueco de la ventana, pero créame, las ventanas, por norma general, suelen abrirse… perdón, quiero decir que las habitaciones, o edificios cualesquiera, suelen abrirse por el hueco de la ventana desde dentro, y usted está fuera de la habitación, así que la única opción que tendría para abrir la habitación, o edificio cualquiera, desde fuera sería romper la ventana….¿Cómo que no está fuera de la habitación? Entonces, si está dentro de la habitación ¿para qué quiere entrar en la habitación?... ¿De verdad cree que puede entrar en la habitación estando dentro de la habitación?...


En fin, volvamos al principio… En este preciso momento, un hombre o una mujer, en cualquier lugar del mundo, intenta abrir una habitación, o edificio cualquiera, por el hueco que hay en la puerta…








18 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana. ¿Por qué quise ser padre?

Me apunto a la iniciativa bloguera descubierta en el blog de Papácangrejo, creada por @PapásBlogueros , quienes con su propuesta “El tema de la semana”, lanzan al aire una pregunta semanal para que todo aquel que quiera la recoja al vuelo,  y de manera escueta acepte responderla. Me parece una buena manera de que, poco a poco, los blogueros nos vayamos conociendo más y también, por qué no, de que todos nos vayamos conociendo un poco más a nosotros mismos, ya que, algunas de las preguntas, ni siquiera nos las hemos llegado a plantear en primera persona.

La pregunta de esta semana es: “¿Porqué quise ser padre?”

Sin lugar a dudas, una buena pregunta… Ahí va mi “escueta” respuesta:

A todo niño le preguntan alguna vez “¿qué quieres ser de mayor?”… Yo cuando era pequeño, de mayor quería ser adulto… y padre. Lo de llegar a ser adulto no sé cuándo o si podré llegar a conseguirlo, pero si he cumplido el sueño de ser padre.

¿Por qué quise ser padre? Sencillamente, porque quería poder vivir algo, que tenía la intuición de que sería algo grande. Cuando por fin lo conseguí, me di cuenta de que me equivocaba. Ser padre no era algo grande, sino que descubrí que ser padre es lo más importante que un hombre puede llegar a ser. Lo que sentí ese día, ya lo conté en este post hace algunos años. Ahora que han pasado casi doce años de aquel día, me reafirmo en mi deseo de querer ser padre. Un hombre puede llegar a ser muchas más cosas. Puede llegar a ser contable, bombero o médico… incluso presidente, pero nada es comparable a la experiencia de ser padre…

Y quise ser padre, porque siempre tuve la certeza, de que lo más bonito que uno puede hacer en su vida es crear, y nada mejor que crear una vida, aunque sólo sea de una manera un tanto secundaria,  para después darle sentido a medida que esa vida crece.  Y para mí es más que suficiente haber participado de manera secundaria en la creación de mis hijos. No necesito más, porque sólo hay algo más importante que ser padre: ser madre, notar como esa vida creada nace en su interior… Por razones obvias, nunca conseguiré llegar a ser madre, así que todo lo que mi naturaleza me permitía conseguir ya lo he alcanzado…


Ahora, ya sólo me queda disfrutar de ello día a día…







16 de enero de 2017

Hombres, Mujeres y compañía... IV

Seguimos analizando las diferentes maneras, con las que Hombres y Mujeres afrontan diferentes actividades cotidianas. Como siempre, lo haremos con carácter general y sabiendo que siempre hay excepciones excepcionales…

Existe la creencia popular, de que los Hombres  no pueden hacer dos cosas a la vez. Sin embargo, los machos humanos, no sólo pueden hacer dos cosas a la vez, si no que pueden hacer varias cosas más a la vez, y equipararse de esa manera a las mujeres. Las hembras humanas ya sabemos todos que son perfectamente capaces de combinar varias actividades a la vez con total éxito, pero los hombres, bastante más incapaces, sólo son capaces de hacerlo… mientras duermen.

Sí, ya sé que es un hallazgo sorprendente, pero el hombre, es perfectamente capaz de simultanear varias actividades al mismo tiempo que duermen, como por ejemplo, roncar, toser, caerse de la cama… e incluso soñar o hablar en sueños, y todo al mismo tiempo. Cierto es que las mujeres, no sólo pueden hacerlo también, sino que también lo hacen, así que en ese sentido no nos diferenciamos en nada los unos de las otras. Incluso ambos géneros suelen dormir con los ojos cerrados.

Ahora bien, en lo que se refiere a movilidad, el hombre tiene una dificultad añadida que superar, ya que la mujer suele pegarse a él cual mochila dominguera entorpeciendo enormemente sus posibles movimientos. La mujer, aparte de dormir, roncar, soñar y todo lo que se le ocurra, es capaz también de reptar por la cama hasta pegarse al hombre.

Da igual que éste se encuentre en el centro de la cama o, como se suele decir, en el larguero de la misma,  la mujer siempre será capaz de encontrar la manera de pegarse a él, ya sea con la intención de utilizarle como estufa,  ya sea para que no se le escape… o vaya usted a saber con qué noble intención, pero siempre consigue su propósito de atenazarle con brazos y piernas. Lo cual a veces provoca que el hombre haga una de las actividades que puede hacer mientras duerme:  intentar separarse… y caerse de la cama.

Mi experiencia personal, me ha llevado a cuestionarme seriamente, si las mujeres antes de meterse a la cama, aparte de desmaquillarse en el baño y otros menesteres femeninos, no se van también a la cocina a meter los pies un rato en la nevera. Porque me parece increíble que, alguien que ha estado con calcetines de invierno puestos, justo hasta el momento de meterse a la cama, los tenga más fríos que Juanito Oyarzábal en cualquiera de sus aventuras en el Everest, mientras que uno, que ha llevado unos calcetines similares y durante el mismo tiempo, los tiene calientes. O mejor dicho, los tenía calientes, porque en cuestión de tres nanosegundos están tan fríos que empiezas a temer que posiblemente la noche acabe con la amputación de algún dedo congelado…


En fin, si usted es hombre, sepa que por muy grande que sea la cama y por mucha manta térmica que ponga, siempre notará algo en su espalda y el frío polar adueñándose de sus calientes pies…






11 de enero de 2017

Escaleras

A veces me paro a pensar. 

Lo hago con disimulo, pocas, la verdad, porque la mayoría de las veces desvarío o divago. No, no le estoy diciendo que diga “vago”, me refiero a divago del verbo divagar, que no tiene nada que ver con el verbo vaguear. Bueno es posible que sí tenga que ver,  ya que muchos vagos tienen mucho tiempo libre y… divagan. En fin, que me estoy yendo por las ramas y voy a terminar cayéndome del árbol.

Como iba diciendo, a veces me paro a pensar, desvariar o divagar. No quiero decir que vaya andando y me pare, no, dejo lo que estoy haciendo y me paro a pensar, como hombre que soy, no puedo hacer dos cosas a la vez.  Y hoy me ha dado por desvariar acerca de una cuestión trascendental: ¿Se ha parado usted alguna vez a pensar, la cantidad de veces que ha subido por las escaleras de su casa? Yo sí. No me pregunte porqué, pero lo he hecho. 

Sí, sé que es raro. Y no sólo es raro el hecho de pararme a pensar en cuántas veces he subido por las escaleras de mi casa, sino que también es raro el hecho de pararme a pensar. Y esta vez no me he conformado con eso, sino que además, también me he parado a pensar en las veces que las he bajado. Y he llegado a la conclusión de que son las mismas. No sólo son las mismas escaleras, sino que además las he subido las mismas veces que las he bajado. Es decir, muchas. Demasiadas. Sin importar si lo he hecho deprisa o despacio, aunque seguramente las baje más rápido de lo que las subo.

 Y he llegado a esa conclusión yo solito, porque si empleamos sólo un poco de lógica, siempre que subimos unas escaleras, tarde o temprano las volvemos a bajar. Salvo que no vuelva usted a salir de casa, lo cual me parece algo bastante improbable, y por mucho que ahora se pueda comprar de casi todo sin salir de casa, siempre habrá algún motivo para que vuelva a convertirse en peatón…

Posiblemente, me dirá que usted vive en un tercer piso con ascensor. En ese caso usted no sólo no cuenta y queda excluido del juego, sino que además estoy completamente seguro de que habrá bajado las escaleras bastantes más veces de las que las ha subido. ¿Cierto o no?... Lo suponía. Pero los que vivimos en una casa de pueblo, de las de toda la vida, de las que eran el único tipo de vivienda hasta que a alguien se le ocurrió amontonar pisos unos encima de otros, y además dicha casa es una casa con dos plantas y buhardilla, tenemos la costumbre de subir siempre andando por las escaleras. Y también las bajamos andando, más que nada, porque no tenemos ascensor.

Posiblemente, me dirá que hay gente que, viviendo en una casa como la mía, si que tiene ascensor… Cierto, algunos casos hay y no voy a negar la evidencia. Pero no me negará, que dicha gente, es gente asquerosamente rica. O escandalosamente rica, llámelo como quiera. Y además, asquerosamente vaga. O escandalosamente vaga. Y yo no soy escandalosamente vago. Un poco quizás sí, eso dice mi mujer, pero no soy escandalosamente vago. Tampoco asquerosamente vago. Ni tampoco soy asquerosamente rico. Ni escandalosamente rico. Bueno, es posible y sólo posible, que esté rico de sabor, pero vaya usted a saber, nunca me ha dado por probarme y… ¡OIGA!... pero… ¿QUÉ HACE?... ¡no me muerda cacho animal!, que sólo tengo dos brazos, y además sólo tengo uno derecho…


En fin, suba las veces que suba las escaleras, y las baje las veces que las baje, hágalo con cuidado no vaya a caerse, piense en la cantidad de veces que le quedan por subirlas… o bajarlas. 






8 de enero de 2017

El Vídeo del Domingo

Hoy dedicaré esta sección a mis amigos de Numabela.

Un grupo, que poco a poco, va cumpliendo sueños a base de esfuerzo y trabajo. Su álbum "Libertad en construcción" es para enmarcar. El vídeo de hoy presenta a la canción que da título al disco y si no lo habéis visto ni escuchado en los 40 principales, es básicamente porque para que dicha cadena te haga caso, hay que tener un padrino que vaya abriendo paso a base de pasta gansa....

Con la colaboración de Jesús Cifuentes (Celtas Cortos), y rodeados de paisajes cántabros, Folk and Roll puro, ahí lo tenéis para disfrutarlo...







5 de enero de 2017

Dichos

Existen dichos que son bastante curiosos. 

Y no son curiosos porque tengan curiosidad, sino porque consiguen despertar la curiosidad de uno. O de dos. O de mucha gente, vaya usted a saber. También puede darse el caso de que esos dichos sean curiosos, es posible, pero ese es un dato que carece de importancia. O si lo prefiere, que su importancia es relativa. Bastante relativa diría yo, si tenemos en cuenta que de lo que vamos a hablar es de la curiosidad que esos dichos despiertan en uno. O en dos, o en mucha gente, vamos…

Como por ejemplo, el dicho “empezar  el año con buen pie…”. Qué quiere que le diga, pero yo, que a mis taytantos aún desconozco si tengo un buen pie o un mal pie, o un buen pie y un mal pie, siempre he procurado empezar el año con los dos pies y a poder ser cada uno en su sitio. Sé que tengo dos pies porque también tengo ojos y puedo verlos cada vez que miro hacia abajo, y que, al menos aparentemente, uno está situado al final de la pierna derecha y el otro al final de la pierna izquierda, pero no sabría decirle si los dos son igual de buenos…  o igualmente malos. Que ambos huelen igual de mal… o bien, porque la cualidad del olor también es relativa… Ambos son de los que dejan huella y qué quiere que le diga, son míos y los quiero a ambos por igual, de la misma manera que un padre quiere a sus dos hijos por igual…

Además, tengo la mala costumbre de ser despistado. O bastante despistado, por lo que nunca he podido llegar a percibir si uno de ellos es más gamberrete que el otro. Si así fuera, el otro, el supuestamente bueno, nunca se ha chivado de su homólogo, en cuyo caso sería totalmente cómplice de las fechorías del malo y, bueno, eso no dice demasiado en su favor… Claro que, también podría darse el caso de que el pie bueno, fuera cual fuese de ellos, también tuviera la mala costumbre de ser tan despistado como yo… y no enterarse de dichas fechorías. Vaya usted a saber, el caso es que se me antoja bastante difícil, por no decir imposible, saber cuál de los dos es el bueno. O si lo prefiere, cuál de los dos es mejor que el otro…




También despierta la curiosidad de uno, o de dos… o de mucha gente, el mundialmente conocido dicho “renovarse o morir”…, dicho que, todo sea dicho de paso, se suele pronunciar cada vez que se empieza una etapa nueva... o un año nuevo. Yo no soy muy listo. De hecho no crea que sea ni siquiera simplemente listo, pero tendría que ser muy tonto para, de entre esas dos opciones elegir la segunda. Y yo no soy muy tonto. Ni siquiera soy simplemente tonto, así que tal y como puede suponer, elegiría la primera: “renovarse”, o más exactamente, renovarme. Renovarse lo hará usted, si es que ha elegido renovarse, si no… qué tonto es usted. O si lo prefiere, qué pocas ganas de vivir tiene… Pero yo, que como ya he dicho antes, aunque soy despistado no soy tonto y ni mucho menos muy tonto, he elegido renovarme.


Renovarse exteriormente no es difícil. Es más, diría que es una tarea que resulta incluso fácil, basta una mano de pintura para tener una imagen completamente diferente. Ahora bien, interiormente va a ser un poco más complicado, y salvo transfusión de sangre con lobotomía incluida, lo cual va a ser bastante complicado teniendo en cuenta los recortes en sanidad, y descartando la sanidad privada porque, no sé si se lo habré comentado alguna vez, pero también tengo la mala costumbre de ser pobre, creo que voy a seguir tal y como estaba antes de renovarme. Y para corroborarlo, basta con leer la cantidad de estupideces que sigo escribiendo…